Cuestionarme mi propia existencia me lleva a pensar mi utilidad.
Realmente, ¿para qué sirvo? ¿para qué estoy aquí? ¿qué función tengo?
Millones de preguntas abarcan en mi mente.
LLegan esos momentos en los que la duda me puede. Esos momentos en los
que lo más diminuto empapa mis ventanas de lluvia, truena mi razón. Esos
momentos en los que mi núcleo se siente atropellado.
La mente nos
hace muchas jugadas. Tantas dudas, tantos planteamientos.. ¿Para qué me
sirven? Lo único que estas hacen es quemarme el pensar.
¿Lo más fácil? No pensar en nada. Tener la mente en blanco.
También pienso en cómo no pensar... Duro es.
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