domingo, 7 de septiembre de 2014

Una noche, otro mundo.

Aquella noche solo con mirarnos a los ojos nos lo decíamos todo. Nuestros cuerpos se fundían formando humo. Nuestras miradas desataban la pasión de nuestra unión. No queríamos pensar, no queríamos sentir... Solo queríamos dejarnos llevar por nuestro mutuo deseo.
Una noche muy soñada, muy esperada, muy deseada... Tanto era que con solo rozarnos podíamos alcanzar las estrellas. 
Sentíamos la calidez de nuestros cuerpos unidos, rozándose, amándose durante minutos, horas... Era una noche llena de amor, de entrega, de deseo, de placer... Una noche en la desatamos nuestros deseos y sentimientos y los dejamos fluir entre nosotros creando esa magia tan momentánea... Increíble y asombroso son unas buenas descripciones de lo que aquello sucedió, pero ni aun así es fácil describirlo. 


Todo te lo debo a ti. Tú que me hiciste sentir una verdadera Reina con tus brazos rodeando mi cuerpo, con tus dedos acariciando mi piel, con tu boca besando mi alma... Me hiciste sentir realmente una mujer y no una niña. Era lo único que necesitaba... Alguien que me demostrara que las diferencias son insignificantes cuando la magia existe. Gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario