Alexia
se sentía insegura. Estaba aterrada. Dar el siguiente paso, para
ella, era algo muy grande. Sentía un gran miedo físico y un
terrible pánico espiritual.
Tenía
miedo a las nuevas experiencias. Ella no sabía si aquello le iba a
dañar. No sabía qué sentimientos le iba a causar ni las
consecuencias que podría llegar a tener.
Pero
esta no era su mayor inquietud.
Aun
sabiendo esto, realmente, su mayor preocupación era esa fobia
interior que abarcaba su mente y, a la vez, su corazón.
Ciertamente,
aún tenía el corazón dolido. Había sufrido mucho en el pasado. No
quería volver a sentirse un simple objeto de usar y tirar.
Tenía
miedo al fracaso. Miedo a la decepción y a la pérdida.
Step
era un chico encantador. Sabía como tratarla a cada momento. Sabía
hacerla sonreír con lo más mínimo, lo cual le encantaba.
Ella le
quería. Sabía que podía confiar en él. Sin embargo, no sabía
decirle lo que ella sentía. No era capaz de contarle lo que le
pasaba.
Aquel
día, la impotencia se apoderó de ella y no fue capaz de continuar.
Alexia entró en un estado de trauma. No podía a penas pensar con
claridad. Se sentía bloqueada.
Step
se dio cuenta de que algo le pasaba y no dudó en preguntarle.
La
mente de Alexia estaba tan bloqueada que a penas podía decir nada.
No era capaz de decirle lo que sentía. De expresarle su miedo.
Estaba aterrada.
Tenía
miedo de perderle.
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